Querido Hijo
Lo siento.
No te traeré a un mundo injusto.
Me niego a ser fértil en una realidad donde la vida no se valora,
donde existir es resistir, y resistir no siempre es vivir.
No crearé otro engranaje para el sistema,
menos aún con mis genes:
no hay nada heroico en mí,
solo dolor heredado, depresión persistente,
pensamientos difusos
y algunos breves destellos de lucidez
que no compensan el peso.
Perdóname, pero es mi decisión.
Mi legado termina conmigo.
¿Para qué traerte a un mundo de sufrimiento,
de injusticias maquilladas,
de vicios diseñados para adormecer la conciencia,
donde escapar siempre cuesta
dinero, salud
o ambas cosas a la vez?
Prefiero dejarte en paz.
En tu letargo de no existencia.
Te concedo algo que nunca tuve:
no tendrás que elegir cada segundo,
no tendrás que darlo todo a cambio de nada,
no envejecerás viendo cómo te apagas lentamente,
cómo todo se vuelve más difícil,
cómo el cansancio y el dolor
se convierten en rutina.
Hoy renuncio al ideal hermoso
que alguna vez pudo haber sido.
Espero que lo entiendas.
Mi regalo no es la vida,
Sé eternidad.
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