Fragilidad? No, exceso de conciencia
Desde pequeño me dijeron que sentía demasiado.
Que pensaba demasiado.
Que miraba donde nadie miraba.
Nunca entendieron que no era un problema de intensidad,
sino de profundidad.
Mientras otros aprendían a sobrevivir ignorando,
yo aprendí a existir observando.
Aprendí que el mundo hace ruido para no escucharse,
que la prisa es una forma elegante de huir,
y que muchas sonrisas son solo un acuerdo social para no hablar de lo que duele.
Ser suprasensible no es llorar por todo.
Es percibir lo que otros anestesian.
Es notar el temblor antes del colapso,
la grieta antes de que el muro caiga,
la mentira incluso cuando viene envuelta en buenas intenciones.
No encajo porque no vine a encajar.
Vine a cuestionar lo que se da por normal.
Vine a incomodar suavemente.
Vine a recordar que sentir no es debilidad,
es resistencia.
He intentado endurecerme.
Funciona… pero mata algo por dentro.
Y yo no vine a convertirme en alguien funcional y vacío.
Así que me quedé aquí.
En este borde extraño donde pensar duele
y sentir cansa
pero el alma respira.
Este espacio no es refugio.
Es espejo.
No promete respuestas,
solo verdades que no piden permiso.
Si llegaste hasta aquí,
probablemente también te dijeron que eras demasiado.
No lo eres.
El mundo es poco...
Comentarios
Publicar un comentario