Aún aquí...
He vuelto a soñar contigo.
Y no debería doler tanto…
pero duele.
Eran cosas imposibles,
irreales,
rotas desde el inicio…
y aun así,
fue hermoso.
Te veía.
Te tenía.
Te sentía.
Dormía en tu abrazo
como si el mundo no hubiera aprendido todavía a separarnos,
como si el tiempo no hubiese pasado por nosotros
como una guerra silenciosa.
Escuchaba tu voz…
y todo tenía sentido otra vez.
Cualquier cosa que dijeras
era hogar.
Me perdía en tus ocurrencias,
en tu forma absurda y perfecta de existir,
y por un instante
volvía a ser yo.
Reíamos…
como si nunca hubiéramos aprendido a rompernos.
Llorábamos…
como si aún supiéramos cómo sostenernos.
Y entonces entendí algo en medio del sueño:
todo eso
ya no existe.
Son recuerdos.
Ecos.
Fragmentos de algo que se deshizo
y nunca volvió a tomar forma.
Y aun así…
me aferro.
Me aferro como quien se ahoga
y decide abrazar el peso que lo hunde.
Porque hoy,
las memorias son lo único que no me abandona.
Y en la distancia,
te sigo pensando,
te sigo soñando,
te sigo queriendo
como si eso pudiera cambiar algo.
Ojalá el mundo logre verte como yo lo hice.
Ojalá alguien entienda
la forma en que brillabas sin darte cuenta.
Dales tiempo…
aunque a mí ya no me alcance.
Yo me quedo aquí,
recordando tus manos con las mías,
como si todavía existieran,
como si aún pudiéramos salvarnos.
Pero no.
Hoy solo queda avanzar…
con este vacío respirando dentro de mí.
Porque así es la vida, ¿no?
Te da algo hermoso…
y luego te enseña a vivir sin ello.
Y lo peor no es perderte.
Lo peor es esto:
seguir soñándote.
Pensar, a veces,
en algún lugar,
en otro mundo, en otro tiempo
sí nos quedamos,
sí funcionamos,
sí fuimos y aún somos...
Y despertar…
para descubrir
que aquí
no.
Hoy vuelvo a la rutina,
a fingir que todo sigue,
a distraerme lo suficiente
para no pensar en lo que falta.
Pero hay algo que no se va.
Algo que insiste.
Algo que te nombra
aunque ya no estés.
Porque una parte de mí
sigue contigo y no regresa.
No porque no quiera…
sino porque no puede.
Porque tú no estás.
Y lo que queda de mí
esto que respira, que camina,
que sigue...
no es completo.
Es una versión incompleta,
una grieta con forma de persona,
un eco que aprendió a hablar.
Dicen que el tiempo cura.
Que todo pasa.
Pero nadie te dice
qué hacer
cuando lo único que pasa
eres tú…
mientras el dolor
se queda.
Y yo aquí,
con el pecho abierto,
aprendiendo a vivir
con la ausencia clavada en los huesos,
como un animal herido
que no muere…
pero tampoco
vuelve a ser el mismo...
Comentarios
Publicar un comentario